CRÓNICA DE UN VIAJE A MISIONES

Aprovechamos el descanso de las vísperas de las fiestas de fin de año y partimos junto a nuestros hijos a la provincia de Misiones para conocer y admirar el profuso patrimonio natural y arquitectónico que tiene esta hermosa provincia. El destino prometido para los niños eran las Cataratas del Iguazú y una travesía náutica. No obstante, pudimos visitar algunas obras de arquitectura muy valiosas que queremos compartir con los compañeros y amigos de Proyecto Habitar.
Tierra roja de originarios y misioneros
De a poco fuimos conociendo un poco más de un territorio rico también en su historia. La presencia de algunos pueblos originarios data, según los primeras reconstrucciones disponibles, de hace más de 10000 años. Lo que hoy es la provincia de Misiones fue, a partir del siglo XVII, un territorio fértil para el establecimiento de las misiones jesuíticas, parte de las políticas de la conquista, que han dejado huellas importantes como las Ruinas de San Ignacio.
En la republica naciente y reciente, hacia 1832 Misiones integraba la Provincia de Corrientes. A fines de 1881, a través de la Ley 1149, el Congreso de la Nación Argentina fijó los límites de la Provincia de Corrientes y determinó que el Poder Ejecutivo propondría “al Congreso la organización, administración y gobierno que considere conveniente para 1a parte del territorio de Misiones que quede fuera de los límites de la Provincia”.
En 1919 se presentó el primer proyecto de provincialización, de más de 40, que abrieron un largo proceso que finalizó con la aprobación de esta iniciativa en 1953. El complejo recorrido histórico en general, así como el debate sobre las ventajas, desventajas e intereses encontrados durante el largo proceso de provincialización son ricos e interesantes, y al mismo tiempo, excede las posibilidades de este escrito. El hecho que nos sorprendió y nos invitó a escribir estas líneas, es el conjunto de proyectos y obras de arquitectura que formaron parte de las políticas territoriales de provincialización que siguieron esta decisión política e institucional. [1]
Arquitectura y política territorial.
Diversos autores han estudiado de qué manera esta coyuntura política intensamente desarrollada a partir de mediados de la década de 1950, en la que el Territorio Nacional de Misiones adquiere el status de provincia, implicó una nueva demanda social de la provincia también a nivel arquitectónico. En términos históricos, ese momento es contemporáneo a la existencia de influencias de diverso tipo en la región de lo que se denomina genéricamente como Movimiento Moderno. Se lanzaron entonces una serie de concursos de arquitectura, para la distribución en la nueva provincia de diversos edificios de relevancia institucional y simbólica.[2]
Las obras de arquitectura que visitamos son parte de este conjunto de las obras encomendadas por los provincialistas a los arquitectos que por esos años aportaron su tarea que persiguió la consolidación de la identidad de la naciente provincia. Entre ellos, del estudio de los arquitectos Mario Soto, Raúl Rivarola, visitamos el Hotel del Instituto de Previsión Social de la provincia, la Escuela Normal N° 1 y Hostería de Apóstoles.
Comenzamos por el edificio que fuera originalmente el Hotel del Instituto de Previsión Social, ubicado en el centro de la ciudad de Posadas; resultado de un concurso de arquitectura llamado en el año 1959. Sabíamos por referencias periodísticas que había sido modificado para que pueda funcionar de manera concesionada el Hotel Urbano, Posadas. No nos quedaba claro cuál sería el estado en que lo encontraríamos, ya que los reclamos de los arquitectos de la región y la comunidad en general se enfrentaban a la demolición parcial o total del mismo.
Al acercarnos al lugar fue grato reconocer el edificio; los parasoles de hormigón, la continuidad de su fachada respecto del edificio de correo, el tratamiento de los espacios de relación entre lo interior y lo exterior. Más cuando doblábamos la esquina nos encontramos que la rampa y el jardín tropical que invadía los intersticios entre los volúmenes ya no estaban. En su lugar un volumen de vidrio y hormigón alternando en cintas horizontales completaba el espacio que hubiera entre el volumen de habitaciones y la medianera. Del mismo modo, la espacialidad interior del proyecto original ha sido afectada por el completamiento de los vacíos y el agregado de ornamentos completamente disonantes en relación con la propuesta espacial y tecnológica primera de la obra, perdiendo en el proceso las calidades de relaciones entre espacios públicos, colectivos y de circulación que enriquecían la percepción del viajante.
Luego visitamos la primera escuela de formación de maestros que tuvo Misiones. Se trata de la escuela Normal N°1 de la ciudad de Alem[3]. Esta obra fue realizada por encargo directo del Gobierno de la Provincia de Misiones en 1957. Al llegar no fue para nada difícil reconocer detrás de algunos volúmenes agregados la impactante nave de hormigón de 2.870 m2.
Lo primeros que hicimos fue admirar la belleza de los colorados muros de ladrillos de las tapas, su relación con la cubierta de hormigón, la gárgola de la cisterna, los bajos muros exteriores, que organizan los espacios de encuentro al aire libre. Mientras tanto esperábamos que las gestiones de la familia Ríos -vecinos interesados y solidarios que colaboraron con nuestra visita- tuvieran éxito y pudiéramos ingresar a la escuela.
Finalmente llegó Laura, regente de la escuela y nos acompañó en nuestro recorrido por el interior del predio. Al atravesar los parasoles que sirven de transición entre lo interior y exterior nos encontramos con la presencia elocuente de los volúmenes del edificio, rápidamente apreciables en el interior del espacio total que determina la gran cubierta. Se podían distinguir con certeza las aulas, la administración, los servicios y la sala de música. La forma y disposición diferenciaba unos de otros. En relación con la delimitación del patio y las circulaciones, pudimos observar que los desniveles del suelo y las dimensiones de las columnas de la cubierta oficiaban de organizadores del espacio. La altura de la cubierta de hormigón es una gran sombrilla que hace permeable el afuera en el interior y viceversa.
El recreo no es un lugar distinto de las aulas, el espacio se percibe mensurable a pesar de sus dimensiones, la posibilidad de referirse a cada uno de manera relacional, “detrás de”, “debajo de” colabora con la posibilidad de comprenderlo.
Más tarde, partimos hacia la ciudad de Apóstoles, con el propósito de conocer algunas de las propuestas para la promoción turística de este período. Estas obras fueron proyectadas a partir del llamado a concurso de anteproyectos que se hiciera en 1957, promovido por el gobierno provincial de Misiones. Soto y Rivarola ganaron uno de los concursos, que preveía la construcción de seis hosterías en distintos puntos de la provincia. La hostería de Apóstoles, que estábamos a punto de conocer, es una de ellas. Fue así que nos salimos de la ruta 14 unos kilómetros para visitarla.
Allí nos encontramos con un conjunto de volúmenes vinculados a través de un sistema de patios y galerías que nos fueron estimulando a partir de los desniveles, de las pregnantes sombras y de los recortes del paisaje, a bajar la aceleración y predisponernos a la escucha y a la observación. Esta discurrir en el espacio encuentra, al final del recorrido, un gran salón de encuentro que funciona como comedor del conjunto.
Detrás de las galerías y los volúmenes de hospedaje un claro en el predio nos permitió descubrir el enorme espejo de agua que hoy utilizan no solo quienes se hospedan sino también los socios del sindicato de Luz y Fuerza.
Por último visitamos el Hotel de Eldorado, del Automóvil Club Argentino y nos alojamos allí unos días. Hospedarnos allí nos permitió experimentar las distintas calidades que ofrece el espacio arquitectónico.
Implantada sobre suelo rocoso en un alto de la ciudad el área de recepción y estar ofrece una vista panorámica del entorno. Este espacio caracterizado por su intensa sombra en contraposición con el espacio exterior; estaba conformado por 6 paraguas invertidos, cuya altura duplicaba las galerías que nos recibían en el ingreso. Cada paraguas se sostenía en una columna central, compuesta por cuatro puntales de madera de 4 pulgadas por 4 pulgadas separados de tal modo que permitían reconstruir un cuadrado de 1m de lado. Al ganar altura las columnas se van inclinando hacia afuera generando un cuadrado mayor. Esta estructura continua atravesando el cielo raso enfatizando un techo a cuatro aguas que se recorta en los extremos de las columnas; el mismo, un metro más alto que el resto del techo del paraguas permite la circulación del aire caliente que se encuentra entre el cielo raso de madera y la cubierta. Desde el interior se percibe una superficie plegada de madera con puntos altos y bajos donde convergen los planos del cielorraso.
Las galerías para llegar a las habitaciones se combinan con patios con abundante vegetación de enormes hojas y muros de piedra, que salvan desniveles y adelantan los cambios de dirección en el recorrido. Por último, la pileta, de generosas dimensiones, se ubica entre el salón y la voluptuosa vegetación recuperando también desde allí la perspectiva panorámica de la ciudad.
Al investigar un poco más sobre los requerimientos desarrollados por los promotores de estos concursos para la realización de estos espacios de hospedajes descubrimos una gran concordancia con los requerimientos propuestos. La conformación de espacios abiertos, vistas al paisaje, desarrollo de zonas comunes y uso de tecnologías locales fueran variables observadas en ambas hosterías.
Reflexiones finales.
Durante nuestro recorrido pudimos conocer, además de las cataratas y las obras de arquitectura de la modernidad local, el territorio misionero de la zona de El Soberbio, ciudad próxima a los Saltos del Moconá, en la zona de frontera con Brasil que delimita el río Uruguay. Esta también fue una experiencia enriquecedora y complementaria, en el sentido de lograr esta aproximación al patrimonio natural y arquitectónico que nos propusimos para este viaje. Los misioneros que conocimos allí, nos hospedaron y recibieron con una predisposición inmejorable para darnos a conocer los paisajes y también para contarnos la manera en la que trascurre su vida cotidiana. En muchas zonas aún no hay señal de telefonía y mucho menos internet. La radio y televisión brasileña son los medios predominantes, es así que la proximidad del país vecino, se integra de una manera muy particular desde la primera infancia. Este fenómeno ha sido estudiado, más del 25% de los niños de este tipo de zonas tienen el portugués como lengua primera.
La producción en las chacras de la zona muchas veces está en el límite de la autosuficiencia. La selva pródiga que cobijaba los pueblos originarios guaraníes hace varios siglos, hoy sigue dando frutas, verduras y animales, con una diversidad y calidad muy particulares. El té, el tabaco y la yerba aparecen como los cultivos principales. La tierra roja, que embellece el paisaje, al alejarse de las ciudades y pueblos da color a caminos a veces difíciles de recorrer. Las rutas empeoran, los caminos se van haciendo transitables solo para los bueyes que tiran los carros, medio que aún resulta una herramienta de trabajo vital para muchos. Simultáneamente, esta situación convive con políticas públicas de fomento de la piscicultura, que desde la provincia agrega un recurso a los pobladores y diversifica su producción, en muchos casos también cooperativa. Las viviendas de estos pobladores se autoproduce, en la mayoría de los casos a partir de la madera que es posible extraer y transformar en el mismo campo que se situará la casa.
El viaje termina y aporta nuevas dimensiones al conocimiento de la manera en que la arquitectura es producida en el territorio. Hemos podido observar la impronta del aporte arquitectónico, urbano y regional. Esto refuerza nuestro interés por aportar desde esta disciplina a la equidad social y espacial.
Comenzar a conocer Misiones, algo de sus paisajes, sus ciudades, su producción y su gente resultó una experiencia altamente satisfactoria. Nos aportó mucho transitar esta serie de espacios de encuentro, de esparcimiento, de estudio, de carácter institucional. Estratégicamente dispuestos en el territorio en vínculo directo con la acción estatal intencionada. De igual manera, ha sido vital conocer el hábitat que resulta de la autoproducción, consecuencia del estado que omite la existencia de los trabajadores fronterizos. Esta realidad, de la carencia y de la espacialidad, agranda nuestra conciencia del valor de nuestro trabajo, necesario en una patria grande que requiere de transformaciones urgentes. Nuestro territorio reconoce en su historia el potencial de los espacios transformados, con el innegable aporte realizado por arquitectos que integraron el programa social a su práctica, proponiendo espacios colectivos integrados productiva y culturalmente de un modo que aún podemos conocer los viajantes curiosos.
01.2017 | Eugenia Jaime y Julian Salvarredy, en Proyecto Habitar
[1] Este proceso ha sido profusamente estudiado por el equipo de Graciela de Kuna, quienes colaboraron generosamente con nosotros para la planificación de nuestro recorrido y el conocimiento del proceso histórico y sus acontecimientos relevantes.
[2] Esta relación es estudiada por ejemplo por Stasuck y Vrubel, (2015) y otros, parte del equipo antes mencionado.
[3] De esta obra y de otras del Arq. Mario Soto ,puede encontrarse material en el sitio
Fotografías: Eugenia Jaime, Julián Salvarredy.