Mas allá del aislamiento social

Ma Eugenia Jaime, Julian Salvarredy y Gabriela Torrents en Proyecto Habitar

 

El día 16 de marzo quedó conformada la Unidad Coronavirus COVID-19, integrada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT),  CONICET y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i).

La conformación de esta Unidad tuvo como objeto “poner a disposición de la Presidencia de la Nación y de las autoridades del Ministerio de Salud de la Nación todas las capacidades de desarrollo de proyectos tecnológicos, recursos humanos, infraestructura y equipamiento que puedan ser requeridas para realizar tareas de diagnóstico e investigación sobre Coronavirus COVID-19”.

El día 20 de marzo con el propósito de “proteger la salud pública como una obligación inalienable del Estado Nacional”, se dictó, mediante un decreto de Necesidad y Urgencia, la medida de “aislamiento social, preventivo y obligatorio”, por un plazo de 12 días a evaluar su continuidad de acuerdo al desarrollo de los acontecimientos. Esta medida buscó frenar el desarrollo de la pandemia, evitando las oportunidades de contagio masivo y al mismo tiempo, reconociendo los condicionantes que presenta hoy nuestro sistema sanitario (cantidad de plazas y respiradores en hospitales y sanatorios). De manera que el aislamiento se presenta como una estrategia para ganar tiempo y poder enfrentar este conflicto en mejores condiciones.

La medida implicó la permanencia de la población en sus residencias habituales o en el lugar en que se encontraran y abstenerse de concurrir a sus lugares de trabajo. Siguiendo en esta línea, restringió el desplazamiento por rutas, vías y espacios públicos, se suspendieron todo tipo de eventos culturales, recreativos, deportivos, religiosos, es decir, todo evento que implicara el encuentro de personas. 

Por otra parte, se efectivizó el cierre de los pasos internacionales, puertos, aeropuertos y centros de frontera, el control de la circulación de vehículos, el cierre de bancos y de locales comerciales que no brindaran artículos de primera necesidad, tales como artículos de almacén, verdulería, farmacia o ferretería. Los gobiernos provinciales tomaron medidas similares, dando distintos alcances a los cierres de sus fronteras para limitar la circulación.

Estas medidas se han manifestado en términos espaciales de la siguiente manera:

  • vaciamiento de las calles,
  • aumento del consumo de servicios habitacionales en los barrios,
  • hacinamiento en los hogares,
  • disminución del flujo de vehículos y personas
  • aumento del control social por parte de las fuerzas de seguridad
  • creciente uso de redes sociales y aplicaciones para el encuentro virtual
  • permanencia en terrazas y balcones para mantener contacto con el exterior

 

¿Cuál es la reacción de la población frente a estas políticas?

En la ciudad de Buenos Aires donde viven 3.000.000 de personas, y suelen entrar a diario un número similar la sensación es de total acatamiento. El movimiento en los barrios se produce durante la mañana. En la mayoría de los casos para abastecimiento diario.

En los barrios del conurbano bonaerense el acatamiento también es alto. Sin embargo, se producen algunas situaciones particulares de difícil resolución, como una concentración inusual de personas para retirar dinero de los cajeros o para el abastecimiento en supermercados.

En el resto del país la situación es similar, reconociéndose mejores condiciones para afrontar el aislamiento en las ciudades mas equipadas y una disponibilidad menor en las áreas mas alejadas de los equipamientos que brindan las centralidades.

 

¿Qué sucede en los barrios populares?

Los barrios populares son un tema aparte, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se concentran el 50% del total de barrios registrados a escala nacional por el Registro Nacional de Barrios Populares. La situación allí oscila entre el aislamiento total de las personas mayores o con discapacidad y una situación de cierta normalidad en los movimientos cotidianos, ya que los niños siguen jugando en las calles y pasillos de los barrios y los jóvenes continúan encontrándose en las esquinas.

Las trabajadoras y trabajadores que habitualmente se dedican a las tareas de cuidado, limpieza o reciclaje se encuentran aislados y sin dinero para el abastecimiento. Cerraron las ferias informales que en los barrios populares del AMBA movilizan un promedio de 500 personas por domingo. El abastecimiento de comercios barriales se vió obstaculizado, en muchos casos debido a que carecen de habilitaciones.

Las mujeres salen a la calle en busca de comida. Durante los primeros días los espacios comunitarios estuvieron cerrados por falta de mercadería, pero poco a poco empezaron a recibir raciones de alimentos secos de los organismos estatales.

El aislamiento agudiza los conflictos en las familias con dificultades para sobrellevar situaciones de familiares con problemas de conducta, violencia de género, adicciones, entre otros.

Estas dificultades para la organización social en el aislamiento se agudizaron debido a la persistente adversidad en la organización del espacio barrial y de la vivienda por la que atraviesan a diario las familias de los barrios populares.

El hacinamiento, la escasez de servicios habitacionales de calidad, agua, cloaca, electricidad, conexión a internet, gas, recolección de residuos, se han puesto al rojo vivo, pero no son problemas nuevos. En estas condiciones la desinfección, la ventilación y la limpieza resultan una tarea imposible, sin contar la posibilidad de acceso a los productos para llevarla a cabo.

A estos condicionantes, se suma la epidemia de dengue que se ha acentuado durante este año en los barrios populares, donde los recipientes de almacenaje de agua para la higiene contra la pandemia son potenciales focos de reproducción del mosquito. 

En este contexto, la organización y movilización social se transforma. Muchas mujeres y hombres referentes de los barrios siguen trabajando para aportar a la resolución de los temas urgentes de la nueva coyuntura, ampliando y reconfigurando las redes que posibilitan la producción y reproducción social. Empezando por informar el estado de los barrios, dar continuidad a la asistencia de alimentos y alertar sobre el riesgo de que crezca la conflictividad que generan las situaciones de violencia.

 

 

 

Producción Audiovisual: Miguel Caamaño, Teresita Sacón y Eugenia Jaime . Las imagenes son gentileza de los miembros de Proyecto Habitar (click en la imagen para ver video)

8 de Marzo: Dia de la Mujer Trabajadora

¿Porque marchar el 8 de marzo?

Este 8 y 9 de marzo, desde proyecto habitar queremos rememorar al movimiento de trabajadoras que en el encuentro vislumbraron las desigualdades de género que las oprimían, y promover una lucha sostenida para transformarlas. Una lucha cotidiana por superar las reglas que proponían la incapacidad de las mujeres para trabajar, la descalificación para acceder a cargos de dirección, la remuneración desigual por igual trabajo, entre otras tantas violentas desigualdades.

Como mujeres, arquitectas, trabajadoras, nos hemos propuesto accionar y reflexionar sobre nuestra práctica en la transformación del hábitat en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Hemos identificado que las “desigualdades” operan reunidas, en tiempo y espacio, y que esas desigualdades son las que nos oprimen diariamente.

Fuimos descubriendo, que en los espacios de la vivienda y los barrios populares esta opresión recaía especialmente sobre las mujeres y los cuerpos feminizados. Así hemos llegado a encontrarnos con la desigualdad de género, interceptada por la desigualdad en la distribución del espacio y la desigualdad en la distribución de recursos.

Con un enfoque interseccional sobre la desigualdad en los procesos de transformación socio espacial  es que proyectamos la práctica disciplinar que nos convoca. Donde habitan les que fueron borrades de la historia. Les que no tienen acceso a  profesionales del hábitat, les que no tienen acceso al suelo, o a la vivienda en las mismas condiciones que aquelles que pueden pagar lo que el mercado formal impone. Les pobladores que habitan los barrios informales, en particular las mujeres, resuelven el espacio donde habitar, donde encontrarse, donde reproducir la vida a un alto costo; en suelos contaminados, sin infraestructura,  en condiciones insalubres.

Esta experiencia de trasformación colectiva nos muestra los límites y las posibilidades que enfrentamos las mujeres trabajadoras cuando, reunidas, buscamos ser protagonistas conscientes del cambio social.

 

¿Cómo repensar la práctica de la arquitectura desde esta perspectiva?

Hacer arquitectura desde esta perspectiva, requiere entonces de identificar esta superposición de opresiones, y la posibilidad de construir un proyecto con perspectiva de géneros, es una invitación  a pensar la arquitectura en un proceso, donde proyectemos los espacios necesarios para el desarrollo de la vida de las personas.

Desde esta perspectiva vislumbramos la necesidad de transformar nuestra profesión para no reproducir las desigualdades que denunciamos. Transformarla en y desde los espacios que la definen, transformarla en la universidad, en los colegios, en la práctica profesional.

Esta transformación requiere de un proceso de deconstrucción de la matriz de aprendizaje, identificando las ideas que la sostienen para transformarlas. Donde el trabajo que realizamos es reconocido por los m2 construidos o la originalidad artística y técnica de la obra desconociendo el proceso social del que esta producción es parte.

También requiere proyectar las transformaciones físicas necesarias para mejorar las condiciones en las que habita más del 10% de la población de los barrios populares. Para ello es necesario diseñar procesos de trabajo que nos permitan recoger las necesidades de la población, y programar las transformaciones necesarias de manera apropiada y consciente para les habitantes y profesionales que participen de ese proceso de producción.

Avanzar con la idea de una arquitectura que recupera las diversidades de las personas y de los territorios para incorporarles en un proceso democrático, y de construcción de espacios de decisión, donde se incorpora a las personas en el armado del programa espacial y social. Donde las personas se incorporan a proyectar su vida y los espacios que se necesitan para contenerla. Es una arquitectura que proyecta espacios de libertad. Que reconoce las necesidades y proyectos individuales en la construcción un proyecto consciente y colectivo.