EL SENTIDO SOCIAL DEL ESPACIO PÚBLICO. Encuentro con estudiantes de arquitectura para la proyección de tácticas urbanas

 

El lunes 16 y martes 17 de mayo volvimos a compartir el espacio de enseñanza aprendizaje sobre TÁCTICAS PARA EL ESPACIO PÚBLICO invitades por el taller ARQUITECTURA 3C de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba.

Coordinado por Viviana Colautti, el seminario trató sobre tácticas para el espacio público, promoviendo que les estudiantes de arquitectura discutan el programa y las formas de materialización para favorecer el encuentro entre habitantes del barrio Alta Córdoba (sector donde vienen desarrollando los ejercicios).

Desde Proyecto Habitar expusimos los lineamientos que guían el trabajo en curso de tácticas urbanas para transformar las condiciones de movilidad cotidiana desde la perspectiva del derecho a la ciudad en el marco de la actualización del Plan de Movilidad Urbana Sustentable y formulación de Estrategias de Movilidad en el Área Central para la Ciudad de Córdoba.

Profundizando en la redistribución territorial de las infraestructuras para la vida cotidiana desde una perspectiva de cuidados considerando la diversidad de usos y prestando especial atención a los movimientos de los actores sociales involucrados en la movilidad que históricamente han sido excluidos de los derechos urbanos y requieren mejoras en su movilidad cotidiana.

Nos referimos específicamente a les trabajadores que desarrollan su práctica en el espacio público, como les vendedores ambulantes, trabajadoras sexuales, feriantes, recolectores y a les jóvenes, adolescentes, personas en situación de discapacidad, infancias, personas en situación de calle, adultes mayores y responsables de tareas de cuidado.

Primeramente, les estudiantes identificaron las actividades productivas y reproductivas que reúnen a la población del barrio Alta Córdoba, luego, trabajaron intensamente en acciones tácticas que potencien desde la arquitectura aquellas que promueven la participación en la mejora del espacio.

Al cierre de la jornada, resultó revelador observar en los trabajos que se presentaron, la consideración del disfrute del encuentro con otres para proyectar las acciones en el espacio público, poniendo en debate la perspectiva productivista que tradicionalmente ordena las trasformaciones urbanas. A su vez, algunos grupos rompieron la barrera de la línea municipal proyectando recorridos que atraviesan por el interior de las manzanas para favorecer el uso del rio Suquia, el parque de ribera, la calle y los puentes. Estas propuestas resignifican los límites establecidos entre el binomio público y privado y favorecen la redistribución de los recursos urbanos.

Por último, resaltamos la incorporación de la transformación progresiva, que algunos trabajos incorporaron con propuestas de acciones efímeras que permitieran verificar la apropiación de la población de la propuesta, saliéndose de la definición inmutable y abierta al aprendizaje sobre el impacto social logrado.

El encuentro permitió conocer la perspectiva de les estudiantes sobre el espacio urbano que transitan cotidianamente y proyectar desde allí acciones hacia una transformación que les incluye, poniendo en práctica la exposición y la escucha de múltiples perspectivas que orientan el sentido social del espacio público y por tanto, de la ciudad.   

Mayo 2022

Mansueto Clara en Proyecto Habitar

 

TEATRO OFICINA, la arquitectura en un proceso social

Relatora: Maite Niborski

En la calle Jaceguai al 520 de la ciudad de São Paulo, próxima a una ruidosa autovía, una sobria fachada blanca enmarca una cortina de chapa azul que protege el Teatro Oficina.

Es la transformación de una antigua fábrica en un espacio destinado a la producción de artes escénicas de la compañía con el mismo nombre. Se desarrolla en un terreno de 8,90m x 50m, prevaleciendo el largo por sobre el ancho. En el sentido norte sur, desde la calle Jaceguai al centro de manzana, lo recorre un eje longitudinal que atraviesa el terreno con 1,5m de ancho por 50m de largo, y toma 15m de altura. Sobre la medianera oeste se abre un gran ventanal vidriado, que relaciona el eje longitudinal con la esquina de l a manzana, un lugar amplio, abierto y con vegetación. Sobre la medianera este se despliega una estructura de andamios donde se desarrollan las pasarelas en 3 niveles que contienen asientos; estos son de madera y pueden moverse con independencia de dicha estructura. Los camarines son mobiliarios que se distribuyen en distintos sectores del lugar. La cubierta de la fábrica fue refaccionada para permitir su apertura sobre el eje longitudinal, de manera que al abrirla se despliega el cielo en la escena. Las huellas de los distintos momentos que atravesó el espacio están visibles en sus paredes.

Se trata del predio cuyo espacio se transformó en el proceso del proyecto cultural y social de la compañía Teatro Oficina, del cual la última expresión física fue diseñada por les arquitectes Lina Bo Bardi y Edson Elito.

Con les compañeres de Proyecto Habitar queríamos conocer particularmente el proceso en el cual se materializaron las transformaciones de este espacio, con el interés de profundizar en la relación de las obras de arquitectura y el programa social en el que se inscriben. Teníamos algunos indicios de que se trataba de una obra proyectada con una gran sensibilidad, pero desconocíamos el proceso histórico en el que estaba inscripta la obra, y más aún la historia de lucha por el derecho a la ciudad de la compañía de teatro. Fue así que nos contactamos previamente con la compañía para programar una visita guiada.  El día pactado para la visita nos recibió Pedro, quien nos contó el proceso histórico de la compañía y su propuesta teatral. Compartimos un relato y algunas reflexiones que nos despertó la visita.

El predio está ubicado en el Barrio de Bixiga, en la ciudad de São Paulo. Inicialmente tenía como destino una fábrica de hierro en la planta baja, y vivienda en la planta alta. Las proporciones esbeltas del lote se corresponden con la configuración del barrio, habitado fundamentalmente por inmigrantes provenientes de Italia en búsqueda de trabajo, que construyeron sus viviendas y locales en función de la lógica constructiva del sur europeo de principios del siglo XX.

Hacia las décadas del ‘40-‘60, el barrio fue transformando su carácter industrial en polo cultural de la ciudad, dando origen a diversas compañías y escuelas de teatro, en el contexto nacional que en la década siguiente conformaría un movimiento llamado Tropicália, que reunía diferentes expresiones culturales originarias y exóticas, con el propósito de construir una nueva, con características propias de Brasil. La compañía Teatro Oficina se constituye en 1959, y encontró en el espacio de la antigua fábrica italiana, la posibilidad de llevar adelante una idea de teatro que propusiera una relación activa entre el público y el hecho teatral, trabajando temáticas de interés social.

Este programa social / cultural generó una primera necesidad de transformación espacial, para lo cual contrataron al arquitecto Joaquin Gueves, que propuso transformar el espacio en unas gradas enfrentadas, con el espacio escénico en el centro.

Los años de dictadura que iniciaron el ´64 dificultaron el desarrollo de la compañía. En 1966 la CCC (Comando de Caza a los Comunistas) produjo un incendio que arrasó con el espacio, como acción para frenar las actividades que allí se sucedían. Ante el hecho, la compañía se mudó a Rio de Janeiro y promovió nuevas piezas con el sentido de reunir recursos para su reconstrucción, de manera que al año siguiente lograron volver al teatro.

Ese momento histórico estuvo atravesado por una serie de operaciones urbanas del gobierno militar que incidieron en el barrio de Bixiga, con la construcción del viaducto Minhocão que dividía al barrio en dos, e implicaba la demolición de distintas manzanas. Teatro Oficina se encontró con la arquitecta Lina Bo Bardi en una crítica a la deshumanización de la ciudad, a partir del montaje de la obra “La jungla de la Ciudad”, escrita por Bertolt Bretch. La arquitecta propuso un diseño escenográfico en el cual se hicieron visibles en un ring de box, objetos de la vida cotidiana tales como colchones, sábanas, juguetes, tirados al ring junto con materiales de construcción, troncos de árboles caídos, y grafitis en las paredes replicando el eslogan del plan urbano “San Pablo se humaniza”. La obra era una manifestación pública en desacuerdo de las medidas tomadas por el gobierno militar para la transformación de ese espacio urbano, que luego configuraría una propuesta urbana del espacio del teatro para con el barrio.

En 1974 los artistas del colectivo fueron exiliados. A su vuelta en los ´80, observaron que era necesaria una nueva transformación espacial, que diera cuenta de los procesos de transformación social, y una nueva vuelta en las ideas que guiaban la conformación de un espacio escénico como proceso continuo, donde el que esté en él, esté en escena. Convocaron a Lina Bo Bardi que trabajó junto a Edson Elito en el nuevo proyecto.

El proceso proyectual del espacio les arquitectes introdujeron el concepto de calle, que promovió por un lado una relación dinámica entre el espacio escénico, los habitantes y las acciones que en él se realizan; y por otro el interés de fomentar la relación del teatro con la calle, buscando un diálogo con el espacio urbano. Frente a las transformaciones urbanas de segregación en los años de dictadura, el teatro se proyectó en la idea de expandirse más allá de los límites físicos del terreno, que permitiera el uso del espacio público, de una ciudad en vínculo con la naturaleza.

El proceso de producción de la obra duró 10 años (´84 al ´94). Durante la obra de arquitectura, la compañía utilizó el espacio para ensayar, materializar piezas escénicas, encontrarse; actividad que modificó el resultado espacial respecto al proyecto original. Elementos como el cantero de tierra, la fuente de agua, o la trinchera del piso, fueron resultado de la necesidad de resolver escenografías de distintas obras que se realizaron a lo largo del tiempo. La materialidad de las gradas se proyectó con la intensión de permitir la movilidad del espacio, que trascendiera los límites del teatro hacia el espacio urbano, aunque en la práctica la estructura de andamios quedó fija por ser difícil de modificar en lo cotidiano.

En los años ´80 Silvio Santos, poderoso empresario y propietario de SBT (la segunda red de televisión más grande del país), compró la manzana del teatro para hacer un desarrollo inmobiliario. El valor social y espacial del Teatro Oficina, con la lucha de la población por la disputa del espacio, imposibilitó la venta de esa parcela, que fue considerada patrimonio histórico y cultural. Ante este nuevo proceso de segregación urbana, la compañía en conjunto con un grupo de vecinos, se unió en un movimiento con el proyecto de convertir el espacio que rodea al teatro en el Parque de Bixiga, en actual disputa por el uso y goce de espacios públicos para la ciudad.

El proceso de transformación del Teatro Oficina es una experiencia en la que es posible encontrar un desarrollo virtuoso de la dimensión social que posee la arquitectura. Una arquitectura en constante relación con las personas y sus ideas, que fue posible por un colectivo social que se propuso trascender los límites de su práctica, y por arquitectes que pusieron en diálogo esas proyecciones con la producción del espacio.

La arquitectura no hace por sí sola el movimiento de la gente, es la gente que se mueve y transforma el espacio. Arquitectura que se produce en relación con un programa social, en constante transformación, que dialoga con los procesos de desigualdad urbana, en una lucha por el derecho a la ciudad.

 

                                                 

 

 

 

 

 

La lucha por el acceso a la vivienda en el centro de São Pablo. La experiencia de Sãn João.

Relator: Ricardo De Francesco

Durante el mes de enero algunes integrantes del colectivo Proyecto Habitar partimos desde Buenos Aires a Brasil para conocer los procesos de producción de arquitectura y urbanismo; sus protagonistas, su instrumentación y los aprendizajes surgidos de la gestión social. Visitamos diferentes ciudades, con el fin de conocer procesos actuales y pasados donde se promovieron luchas para transformar la desigualdad que atraviesa nuestro continente. Esta nota se centrará en particular en la ciudad de São Paulo, donde nos reunimos con Evaniza Rodrigues, referenta nacional de la União Nacional por Moradia Popular (UNMP).

Evaniza se desempeña en la elaboración de propuestas de políticas urbanas y de vivienda por ayuda mutua junto a los movimientos populares, y realiza actividades de formación vinculadas a dicha temática. Con una larga trayectoria en gestión del hábitat, se destaca su desempeño como jefa de gabinete de la Secretaría de Programas Urbanos del Ministerio das Cidades durante la gestión de Raquel Rolnik como Secretaria Nacional (2003-2007).

La posibilidad de habernos cruzado con Evaniza en distintos encuentros latinoamericanos, como los de Producción Social del Hábitat organizados por HIC-AL en México o el IV Foro por el Derecho a la Tierra y la Ciudad en Paraguay organizado por Vivienda Cooperativa, han permitido el encuentro de nuestros intereses sobre la instrumentación de políticas públicas que favorezcan el acceso a la vivienda y el protagonismo de los moradores en la lucha por la transformación del espacio.

Nos recibió Evaniza en la sede de la UNMP y luego de una conversación sobre los inicios del movimiento, sus objetivos y proyecciones, salimos a recorrer por el centro de São Paulo varios edificios y proyectos en curso. Finalmente llegamos a la ocupación São João, próxima a la Estación República del metro. Se trata de una ocupación de un antiguo hotel abandonado en el que actualmente viven alrededor de 60 familias.

Allí nos recibió Nildo, habitante y referente del Movimento Sem Teto pela Reforma Urbana, quien restituyó el proceso de lucha del movimiento y la gestión del edificio por parte de la organización. En esta restitución aparecieron aspectos teóricos que orientan el diseño de la política de hábitat del movimiento social, y también aspectos instrumentales que reflejan esa teoría. Ejemplo de ello son el registro de inmuebles ociosos, el reconocimiento de aquellos inmuebles que forman parte del patrimonio del estado, la situación legal e impositiva de los inmuebles que quedan abandonados.

Aquellos edificios que ya fueron expropiados por el gobierno local o están en vías de expropiación se consideran los más adecuados para ocupar, ya que las organizaciones tienen mayores posibilidades de incidir en que el gobierno destine recursos para la rehabilitación del edificio incluyendo a los habitantes de la ocupación como parte del proyecto. Se trata de procesos extensos y complejos, en los que las organizaciones ocupan los edificios durante muchos años, teniendo que resistir múltiples desalojos violentos por parte de las fuerzas de seguridad.

Uno de los aspectos más relevantes de esta experiencia es que en esta sucesión de acciones, los movimientos sociales no subordinan la relevancia de desarrollar un programa social que efectivamente construya nuevas formas de relación social y nuevos criterios de organización del espacio.

Nildo nos guío por todas las instalaciones del edificio y de esta manera pudimos conocer el modo en que se organizan para el uso, gestión y mantenimiento de los espacios colectivos. La propuesta programática mantiene las habitaciones del hotel como vivienda de les ocupantes y los espacios comunes pre existentes para las actividades colectivas y reproductivas de la comunidad que lo habita.

Las paredes del hall de acceso están destinadas a contar el proceso histórico de lucha del movimiento. Registros fotográficos, murales y paneles con investigaciones cuentan sobre el trabajo de la organización realizados en conjunto con militantes políticos y académicos por el derecho a la vivienda y la ciudad en América Latina.

El antiguo salón comedor actualmente es el espacio para las asambleas, reuniones y actividades culturales de la organización. Asociado a éste se desarrollan las actividades de niñes, como una juegoteca, una biblioteca, una cocina comunitaria y un salón para actividades de formación política. En una de las paredes de este espacio están las fotos de les protagonistas que ocuparon el edificio. Un registro que pone los rostros humanos de quienes sostienen cotidianamente esta lucha.

El sistema de gestión comunitaria para el mantenimiento de los espacios colectivos incluye a todes les ocupantes. Nos contaron sobre cronogramas semanales para definir por pisos la administración y limpieza de estos espacios, como así la posta de seguridad en el ingreso.

En el intercambio con Evaniza y Nildo pudimos comprender la importancia de la lucha de estas organizaciones para acceder a una vivienda y que la misma esté localizada en el centro de São Pablo. Este par se sustenta en dos aspectos relevantes. Por un lado, la vivienda es considerada un medio para resolver un problema social que afecta gran parte de la vida cotidiana de las personas. Y, por otro lado, la importancia de la localización en la centralidad urbana, que reconoce el conjunto de oportunidades y beneficios de la ciudad, que incluye una dirección para conseguir un trabajo; la proximidad a los espacios culturales, educativos, de salud, como así también el acceso a los múltiples servicios urbanos, redes de transporte, comercios e infraestructuras.

Sin perder de vista las condiciones propias de cada territorio y los actores que inciden y participan en las transformaciones urbanas, las ideas y acciones de estas organizaciones representan una referencia política a tener en cuenta para profundizar la lucha por el acceso a la vivienda en cada ciudad de nuestra región latinoamericana.

 

Inauguración Espacio Itinerante de la AMUAA

Maite Niborski, Clara Mansueto

Esto es lo que nos ha tocado vivir a las personas afrodescendientes, a las personas indígenas. Sacados de sus espacios, llevados de acá para allá como cosas. Hoy somos seres humanos, pero sin embargo persisten el racismo, el clasismo, y este racismo sistémico, porque se reproduce y sigue en el tiempo. Porque lo vivimos constantemente. Es estructural, porque está en las estructuras y en los pisos, de este poder blanco, racista, que es este sistema. Vivimos en un sistema, el de la blanquedad. En este sistema se escriben los libros, en este sistema pensamos, y desde este sistema se determinan las leyes. (…)

Sandra Chagas, referente de la organización Matamba, inauguración espacio itinerante AMUAA.

Estas expresiones que dan cuenta una historia de lucha por el acceso a los derechos humanos, formaron parte del encuentro organizado por la Asociación de Mujeres Afrodescendientes de Avellaneda (AMUAA), para celebrar la inauguración del espacio itinerante de la AMUAA trabajado con Proyecto Habitar. El encuentro fue una oportunidad para compartir con referentes de la comunidad afrocandombera una instancia de reflexión sobre el problema de acceso a la ciudad y a la vivienda que atraviesan, a propósito de unas entrevistas que realizó la organización.

En la reunión se valoró el avance institucional en materia de visibilización de la cultura afroargentina, desde el censo nacional del 2010, que por primera vez registra la población con origen afro como tal; la ley nacional 26.852 sancionada en el 2013, que decreta el 8 de noviembre como el día de les afroargentines y de la cultura afro, exigiendo al Ministerio de Educación y de Cultura el desarrollo de contenidos que pongan de manifiesto y concienticen sobre la existencia de la cultura afro; o el Decenio Internacional Afrodescendiente  (2015-2024) establecido por la ONU, que crea un marco en el cual se insta a los países miembros a llevar adelante políticas públicas y programas de visibilización de las comunidades afrodescendientes, como así también programas de promoción y protección de sus derechos. No obstante, los derechos de la población afrocandombera siguen siendo vulnerados, con serios problemas para acceder a la identidad, a un trabajo o a una vivienda digna.

Las historias presentes en las entrevistas dan cuenta del modo en el que la comunidad afrocandombera se ve afectada por la desigualdad en materia habitacional. Junto con el relevamiento realizado en 2017  por AMUAA con el apoyo del área de Extensión y el Observatorio de la UNDAV a una población de 108 personas de la comunidad habitantes de Avellaneda, se conoce que apenas un 4% cuenta con vivienda propia, un 33% logra acceder a la vivienda mediante alquiler, y más del 50% vive en casas ocupadas en su mayoría en la zona central del municipio. Los desalojos se presentan como el principal motivo de mudanza del 41% de las familias censadas.

La expulsión de la población afrocandombera del sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es moneda corriente en los relatos. Mientras se observa un crecimiento exponencial de valorización del suelo en este sector en los últimos años, la población vive una larga historia de desterritorialización, en la disputa por el uso y goce de los bienes y servicios de la centralidad urbana.

En sus años de vida, la AMUAA llevó a cabo diversas acciones de registro de la problemática de la población afrocandombera, con un trabajo de relevamiento local, vinculándose con las personas que tienen cerca, para conocer cómo impacta la discriminación en su vida. En esta búsqueda nos encontramos, y decidimos dar un primer paso: la producción de un espacio itinerante para la exposición pública del desarrollo de la cultura afrocandombera que realiza la AMUAA.

Durante varios meses trabajamos conjuntamente para proyectar y materializar un espacio que colabore en la visibilización de una comunidad en lucha por los derechos a la identidad, la vivienda y la ciudad. Se proyectó y construyó con el propósito de que se pueda instalar en los sitios de referencia barrial, donde el reclamo histórico por la igualdad de derechos se hace público.

La jornada de inauguración fue un hecho político; favoreció la reflexión  sobre el problema de la vivienda, y de qué manera se presenta cuando se intersectan diferentes formas de exclusión: de clase, de etnia, de género. Una acción pública, para hacer visible a la comunidad y al estado local la urgente trasformación del sistema de la blanquedad que sostiene relaciones de opresión que la comunidad afroargentina denuncia.

Seminario taller «TÁCTICAS PARA EL ESPACIO PÚBLICO»

Autora: Arq. Clara Mansueto

 

Un encuentro provocado para debatir sobre proyectos que favorezcan el derecho a la ciudad

El equipo docente del taller de ARQUITECTURA 3C de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba nos invitó a un equipo de arquitectes y urbanistas de Proyecto Habitar a participar del seminario taller “TÁCTICAS PARA EL ESPACIO PÚBLICO, Acciones proyectuales para barrio Güemes”.

Docentes y estudiantes compartimos durante dos días el taller con la intensión de reflexionar sobre los problemas cotidianos del espacio público en el Barrio Güemes. La invitación del seminario era a desarrollar propuestas de urbanismo y gestión a pequeña escala, bajo una lógica experimental, gradual y de socialización constante, comprendiendo los proyectos como tácticas en relación a una estrategia.

Durante el primer día se trabajó en base a un ejercicio de mapeo del sector ordenado por dimensiones, incitando a la identificación de problemáticas. Esta instancia favoreció la discusión sobre las necesidades de les habitantes, múltiples y diversas en relación con el contexto de desigualdad urbana en el que desarrollan su vida.

Luego, les estudiantes por equipos, proyectaron trasformaciones de las condiciones espaciales urbanas. En los trabajos presentados se identifica una mirada atenta a las prácticas barriales que se están desarrollando, resaltando las acciones que provocan el encuentro tales como las murgas, el arte callejero, las ferias artesanales el juego en las plazas y los deportes urbanos.  

La reunión confirma la importancia de discutir sobre el sentido social que guía el proyecto urbano y arquitectónico y la multiplicidad de formas que tenemos a nuestro alcance para provocar el encuentro. ¡Gracias estudiantes, docentes y coordinadores del taller de A3 de la Facultad de Arquitectura de Córdoba por la invitación a formar parte del proceso!

El urbanismo de lo cotidiano, la perspectiva de géneros en tiempos de pandemia en Latinoamérica*

*El siguiente artículo forma parte de los anexos de las bases del concurso Concurso Mercados Post Covid – 19. Para mas información: https://concursomercadospc19.com/

Autora: Mg. Ma. Eugenia Jaime. Docente, Investigadora. Instituto del Conurbano. Universidad Nacional de General Sarmiento. mjaime@ungs.edu.ar

 

 

LOS MERCADOS DE FRUTAS Y VERDURAS

Entre corridas y empujones, mientras se acomodan el barbijo, van apilando los cajones y canastos con verduras y frutas. Se higieniza la zona del puesto, se preparan los toldos y se intenta guardar distancia esperando que haya lugar para todes. Si hoy no se venden algunas frutas tendrán que llevarlas a la casa. Imposible preparar comida para les compradores o para les trabajadores del mercado, ya nadie compra nada. En los últimos años el número de les trabajadores aumentó considerablemente, las edades son diversas, y no son pocos les menores de edad. Se trata de largas jornadas laborales, abarcan todos los días de la semana, y el día comienza en algunos casos a las 3 de la madrugada, extendiéndose a veces hasta la puesta del sol. Las mujeres que trabajan en el mercado realizan, en general, las mismas tareas que sus compañeros varones, sin embargo, les pagan menos dinero.

Esta escena recorre Latinoamérica, tanto en los grandes mercados como en los pequeños, lo que cambia es la capacidad de sostener el protocolo de medidas preventivas dispuestas para enfrentar la emergencia sanitaria producto del Covid-19.

La distribución de alimentos fue un rubro exceptuado de cumplir con las restricciones de circulación debido a su necesidad vital. Por lo mismo requiere de muchos cuidados para evitar contagios ya que concentra una gran cantidad de trabajadores en torno a ella.

Para dimensionar el flujo de intercambios podemos citar algunos ejemplos:

  • El Mercado Central de Buenos Aires, Mercado Mayorista de Frutas y Hortalizas comercializa mensualmente 100 mil toneladas de frutas y verduras de todo el país para abastecer a los 13 millones de habitantes de Ciudad y Gran Buenos Aires. En su operatoria diaria genera más de 5.000 empleos directos con un flujo de más de 000 personas por día.[1]
  • El mercado Central Mayorista de Antioquia, Central Mayorista, en pleno centro de Medellín, al mes se mueven 270 mil toneladas de alimentos, ingresan más de 55.000 personas diarias y tiene un tráfico de unos 22.000 vehículos por día.[2]
  • El Gran Mercado Mayorista de Lima (GMML) y el Mercado de Frutas No. 2 están moviendo al mes 240 mil toneladas de productos de primera necesidad (verduras, hortalizas y frutas).[3]

En todos los casos el sistema de distribución tiene un alto porcentaje de trabajo informal, y se convierte en el pilar de las posibilidades de existencia de un alto porcentaje de los pobres urbanos de Latinoamérica.

 

CONDICIONES DE TRABAJO

Como indicábamos anteriormente el trabajo en los mercados se realiza en condiciones muy precarias y su remuneración es muy baja; la mayoría de les trabajadores que realizan estas tareas lo hacen ante la falta de otra salida laboral.

En esto último el hecho de pertenecer al género femenino aumenta las dificultades para el acceso a un trabajo de tiempo completo, bien remunerado y esto se debe a un rol construido socialmente, que delega en las mujeres y en los cuerpos femenizados las tareas de cuidado.

El mercado de trabajo (en un cruce multidimensional entre cultura, religión e ideas políticas) traza una ajustada división en la organización del trabajo para hombres y mujeres, tanto horizontal como verticalmente (Ribas Bonet, 2006). Se trata de una devaluación del trabajo de las mujeres que identifica a las actividades masculinas como normales y a las actividades femeninas como inferiores, poniendo en sus manos las actividades reproductivas, la mayoría de las veces no remuneradas por no considerarse trabajo.

En América Latina en promedio las mujeres contribuyen con el 73% del tiempo total destinado al trabajo no remunerado en los hogares, mientas que los hombres con el 27% restante.

En Argentina dos de cada tres mujeres se ocupan en puestos de baja calificación. La gran mayoría se ocupa en tareas de servicios generales, comercialización o gestión administrativa. A la vez que muestran una menor presencia en cargos de jefatura y dirección.

Esta diferenciación se traduce en la valoración del trabajo al momento de establecer la remuneración entre hombres y mujeres, desfavoreciendo a las segundas sobre los primeros. Los trabajos masculinos se pagan mejor que los femeninos. La devaluación del trabajo no remunerado que realizan usualmente las mujeres carece de jerarquía observado desde la perspectiva monetaria.

La devaluación del trabajo femenino invisibiliza el aporte de estas prácticas, y por tanto no permite que se desarrollen los conflictos y las posibilidades de reclamar los derechos asociados se vuelve muy difícil.

Además, el rol asignado al género femenino y a los cuerpos femenizados también limita el tiempo disponible de los mismos para participar en el mercado laboral y condicionar el tipo de trabajo que tienen. Las mujeres poseen una presencia mayoritaria en la economía informal, donde no poseen protección y seguridad social, toman trabajos de tiempo parcial, temporales, en negocios de subsistencia de poca rentabilidad, y en autoempleo. Dinámicas que les permita ausentarse por cuidados o ser acompañadas por sus hijos si fuera necesario. El trabajo en mercados de abastos y comercio ambulatorio es uno de ellos, allí las mujeres se concentran en los empleos de menor calidad, irregulares e informales.

En esta coyuntura las tareas reproductivas, vinculadas al trabajo no remunerado colocan a las mujeres en mayor riesgo de contagio es su rol en el cuidado de enfermos en el hogar, a la vez que son también las promotoras de los trabajos comunitarios voluntarios de cuidados y alimentación. En México, encuestas de uso del tiempo indican que en aquellos hogares con personas con enfermedades temporales las mujeres dedican 23 horas semanales al cuidado de los familiares enfermos versus 13 horas en el caso de los hombres.

 

HUBO UN TIEMPO EN QUE…

Sin embargo, esta relación asimétrica no fue siempre así, hubo momento en la historia en que el par familia-trabajo eran conceptos inseparables, lo mismo que las actividades productiva-reproductivas para las mujeres.

Mollart (1988) nos dirá que aquella “oscura edad media”, fue mucho más que un momento histórico de familias urbanas inmersas en la pobreza laboriosa, «una pobreza discreta, hasta secreta, hecha de mala nutrición crónica, de dificultades de alojamiento y vestido, sin esperanza ni alivio, privada en la mayoría del tiempo de la asistencia otorgada a las formas espectaculares de la indigencia de los mendigos, vagabundos y otros marginados”. Fue un proceso que dio lugar a profundas transformaciones en las relaciones sociales que se tradujeron en el rol de la mujer en la vida urbana. En la historia de la humanidad puede reconocerse una gran diversidad en la conformación de las relaciones humanas y organización del trabajo y la comunidad en la historia y en los diversos lugares del planeta.

Las mujeres desarrollaron todo tipo de trabajo con el fin de sostener el grupo familiar, pero por sobre todo se hicieron cargo de gestionar todos los sectores productivos, realizando tareas como ayudantes, pero también como independientes. Realizaban tareas en el campo y en la gestión del patrimonio rural; comercializando tanto los productos cultivados como artesanías; se habían ganado este espacio porque optimizan con su acción los pocos recursos disponibles.

Las mujeres fueron ganando experiencia y capacidades en actividades productivas ya fuera en la propia casa o ya en otros espacios económicos de los que después tendría que retirarse para volver a su rol en el hogar y los cuidados.

Con la revolución industrial la mujer fue excluida lentamente de los procesos de aprendizaje formal en los oficios agremiados, y de la gestión del trabajo en la industria textil quedando relegada a un rol de auxiliar, donde abundaba la mano de obra femenina y el trabajo mal pago. Se diferenció el trabajo económicamente productivo valorándolo como “real” del trabajo doméstico, económicamente “insignificante”.

En nuestro continente, las mujeres indígenas también sufrieron la desvalorización y depreciación de su trabajo, debiendo transitar un proceso de ruptura entre su rol como generadoras de vida, la estrecha relación que mantenían con la naturaleza y su cosmovisión.

En la situación actual los pueblos indígenas se caracterizan por una tremenda vulnerabilidad habitacional y urbana, que refleja la injusticia social y espacial producto de la estructura desigualdad del territorio. Tanto hombres como mujeres se encuentran en condiciones laborales de mucha precariedad, siendo su participación en mercados de alimentos la base de su economía. Las mujeres, las líderes indígenas responsabilizan al sistema colonial que se instaura con la conquista, y al sistema capitalista como responsable de la escisión que debieron transitar entre su vida y la naturaleza.[4]

Entre sus reivindicaciones el movimiento de mujeres indígenas, se reconocen como “dadoras de vida, no sólo porque parimos sino porque hacemos crecer ese nuevo ser. Nosotras somos parte y estamos dentro de ese vientre que es la Pachamama. Aquí la exigencia es reconocer la vida para todos, pero también con el ejercicio de derechos: iguales oportunidades y espacios para hombres y mujeres” (Blanca Chancosa, líder kichwa ecuatoriana, 2010).

Reflexionar sobre la división sexual del trabajo, la separación de las tareas de cuidado de las tareas productivas, la separación de la producción rural de la producción industrial nos presenta una racionalidad con alto sentido productivista que entendemos que pone en segundo lugar a las personas, y a la mujer en particular.

 

URBANISMO DE LO COTIDIANO

Las condiciones laborales de desigualdad a las que están sometidas prevalentemente las mujeres se relacionan con las posibilidades de alcanzar condiciones saludables para reproducir su existencia en tanto su accionar cotidiano. Pero no sólo es la desigualdad en los roles de trabajo, sino que la vivienda y la ciudad a la que accede también esta signada por malas condiciones edilicias, espacios reducidos, sin ventilación ni iluminación, con servicios insuficientes o inaccesibles, en general se trata de barrios de origen informal, con centros de abastecimiento sin equipamiento para el cuidado de niñes, acceso a la salud o apoyo institucional. Donde los servicios de transporte son de mala calidad o muy costosos, ámbitos donde lo más preciado son los lazos de organización tejidos por la comunidad.

La profunda disociación que existe entre lo público y lo privado nos lleva a encontrarnos en el espacio público despojados del contenido social que estos guardan en nuestras idealizaciones. Las ciudades están planificadas de manera segmentada, fragmentadas en el territorio. Por un lado, está la residencia, por otro lado, está el trabajo, por otro, las actividades de ocio y más allá, el espacio libre, sin equipamiento, sin función. Esto incrementa la dificultad de saber del otro, de conocer sus necesidades y sus experiencias.

La riqueza social que se produce en el acto de encontrarnos adquiere en los mercados una forma utilitaria y funcionalista donde las personas que compran o venden son elementos secundarios que asisten al movimiento de las mercancías. Las frutas y verduras se vuelven protagonistas y las personas simples objetos de circulación.

Sin embargo, como hemos expresado en los párrafos anteriores es necesario pensar un espacio que organice de otra manera el espacio urbano, promoviendo otro tipo de relaciones. Ya que es en las ciudades donde las mujeres se exponen mayormente a la pobreza.

Por todo los expuesto es difícil incorporar a las agendas de la política pública la voz de estos actores, cuya omisión está vinculada como hemos visto con este rol de sumisión asignado históricamente que silencia el conflicto despolitizando la acción que estos agentes practican.

La arquitectura y el urbanismo con perspectiva de géneros requieren visibilizar y problematizar sobre aquellos aspectos del habitar de las mujeres donde urgen políticas públicas para afrontar estas desigualdades estructurales. La vida cotidiana, los espacios de consumo, los espacios públicos, la movilidad y el transporte, la proximidad a los equipamientos y servicios contemplando las diferencias que existen en la práctica según sexo y género. (Jaime, 2018)

 

ACCIÓN PUBLICA y GESTIÓN SOCIAL

Se trata de llevar adelante una propuesta de acción urbana y de gestión que logre articular aquellas cuestiones relegadas al ámbito de lo privado, de la reproducción, de los cuidados, del intercambio cotidiano, con las cuestiones públicas. Se propone en este sentido profundizar la observación sobre la instrumentación.

Necesitamos hacer de las prácticas y herramientas de gestión social, políticas públicas. Esto permitiría incorporar al trabajo cotidiano de gestión social los recursos del Estado.

Nos referimos a recursos tanto económicos como cognitivos y de instrumentación y registro. Promoviendo la estabilización de acuerdos; arbitrando para promover el cambio de escala de los problemas, de modo que puedan ser pública tanto la voz como los instrumentos de los que luchan por transformar la desigualdad social.

En Argentina las acciones púbicas frente al Covid-19 tuvieron como principales protagonistas a las organizaciones sociales para la gestión social de la pandemia.

El establecimiento de un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) alivió la situación en los hogares llegando mayoritariamente a mujeres. Esto es porque se priorizó reforzar el ingreso de les beneficiaries de la Asignación Universal por Hijo (AUH) administrada en un 90% por mujeres. El IFE también permitió visibilizar el universo de trabajo informal vinculados a los cuidados tanto remunerado como no remunerado.

Con respecto a las políticas de abastecimiento de frutas y verduras, en el mercado concentrador de Buenos Aires se está llevando adelante una propuesta denominada “Compromiso Social de Abastecimiento”. Consiste en la incorporación de la información como herramienta reguladora del mercado, ampliando los conocimientos tanto de les productores como de les comerciantes y consumidores. Se trata de soluciones informativas para aportar a la logística del abastecimiento, tarea fundamental de la ingeniería. Esta propuesta permitirá gestionar socialmente los cuidados frente al Covid-19, para poder conseguir alimentos a precios acordados contando con información, a través de una aplicación móvil, sobre los modos de desplazarse y obtener los productos necesarios según la localización de les consumidores.

Para el armado de la plataforma que da lugar a la aplicación confluyeron en su desarrollo miembros de distintas instituciones, directivos del Mercado Central, responsables de la secretaria de Comercio Interior del Ministerio de Producción de la Nación, y autoridades de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires. Esto refuerza la necesidad de una acción pública que ponga el centro en la sociedad.

 

UN ANDAMIAJE PROVISORIO PARA LA ACCIÓN

 Hemos recorrido a la luz de la perspectiva de géneros las relaciones desiguales que se han puesto de manifiesto a partir del advenimiento del Covid-19. Los grandes y pequeños mercados distribuidores de fruta y verduras de nuestra región, han puesto en relieve las precarias condiciones laborales del trabajo que se realiza allí, así como también lo inadecuado de sus infraestructuras para dar respuesta a los requerimientos de hombres y mujeres que dejan allí buena parte de su vida.

Las desiguales relaciones del mundo del trabajo, las magras remuneraciones que perciben les trabajadores en estos ámbitos, han profundizados los efectos dañinos especialmente en las mujeres, sobre las que recaen las tareas de cuidado y reproducción.

Mirando hacia atrás en la historia hemos podido reconocer la necesidad de centrar nuestras acciones en la promoción de acciones que permitan tanto a hombres como mujeres, reunir su trabajo reproductivo con su trabajo productivo, lo rural con lo urbano, lo público con lo privado.

A la luz de lo analizado surgen algunos lineamientos que podrían servir como andamiaje provisorio para la elaboración de proyectos de gestión social para el desarrollo de políticas de acción pública.

  • Es necesario reconocer las practicas colectivas que permiten a los actores identificarse como sujetos sociales para enfrentar los efectos de la desigualdad evitando aquellas acciones que definen a la población como objeto de ayuda social. (Quintar, 2004)
  • Promover acciones que disminuyan la brecha de desigualdad en el trabajo que hay entre varones y mujeres y desarmen las estructuras de dependencia, y asistencialismo que se gestan en torno a las politicas publicas. Tenemos que aprovechar estas oportunidades para ampliar la concepción del Estado creando herramientas que permitan incoporar a las politicas publicas, las acciones de lucha que promueven justicia e igualdad en los actos cotidianos
  • Identificar los obstaculos que enfrentamos les urbanistas y arquitectes para abordar las demandas de acción formuladas desarrollando proyectos con centro  en los individuos y sus relaciones sociales. Para ello es necesario ir más alla de los objetos “agradables” y las “formas bellas”, profundizando en las necesidades de las personas y promiendo el  el acceso a los derechos urbanos.
  • Realizar propuestas que contemplen la complejidad de actores, saberes y escalas que confluyen en un acto. Las expectativas de les actores tienen que ponerse en juego, para ello es necesario ampliar la escucha, ver mas alla de la demanda funcionalista. Promoviendo un diseño que mejore las condiciones sociales de vida de las personas..
  • Utilizar nuestros saberes en contexto, ordenar los flujos y aliviar congestiones sin dejar de proporcionar los medios para una comunicación profunda sobre la base de las redes de comunicación ya creadas por la comunidad.
  • Pensar un urbanismo y una arquitectura que retomen las bases del encuentro desarrollado historicamente. Los elementos de diseño pueden ir al rescate de formas de relaciones sociales integradoras y solidarias para enriquecerlas con los desarrollos tecnologicos actuales.
  • Diseñar espacios que promuevan el encuentro para la gestión social, para determinar cómo organizar el trabajo, como distribuir equitativamente los bienes y servicios y como dirimir los conflictos sociales que surgen en torno al trabajo.

Murray Brookchin, en su libro “los limites de la ciudad” nos recordaba que “para los griegos la ciudad era algo mas que el producto de las técnicas de diseño o de edificios dispuestos racionalmente”, poniendo en valor “la ciudad como dominio de la libertad y de la buena vida”, donde formamos parte de una totalidad organizada sin perder nuestra individualidad, condición inalienable para la diversidad creativa. Para nosostros tanto estas ideas provenientes de la cultura occidental como las que recogiamos en el desarrollo del articulo de los pueblos originarios de america, son algunas de esas claridades que no pueden pasarse por alto si queremos promover proyectos socialmente valiosos y profundamente democráticos.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

BOOKCHIN, Murray (1978) Los limites de la ciudad. Editorial Hermann Blume. Madrid, España.

BUOLLOSA, Rosana (2013) “MIRANDO AO REVÉS NAS POLÍTICAS PÚBLICAS: notas sobre um percurso de pesquisa”. Extraído de https://revistas.pucsp.br/pensamentorealidade/article/view/17572

FALÚ, Ana (2015) Manual de Género para las Políticas y Planificación Territorial. Secretaria la Integración Social Centroamericana SISCA. Cordoba, Argentina.

JAIME, Ma. Eugenia (2019). “Desnaturalizar las asimetrías”. En: Construcción social de los géneros en la ciudad injusta. Editoras: Jaime, Eugenia; Mansueto Clara. Ediciones: Universidad de Buenos Aires. FADU-Instituto de la Espacialidad Humana. CABA, Argentina.

JAIME, Ma. Eugenia (2018). Urbanismo de los cotidiano. Ediciones Proyecto Habitar. CABA, Argentina.

https://issuu.com/proyectohabitar/docs/urbanismo_de_lo_cotidiano

MOLLAT, Michel (1988) Pobres, humildes y miserables en la Edad Media. Estudio social. Trad. Carlota Vallée. México, FCE.

MUXI, Zaida (2018) Mujeres, casas y ciudades. Más allá del umbral. Editorial:

DPR-BARCELONA. Barcelona, España.

QUINTAR, Aida,  Calello, Tomás (2002) “Prácticas colectivas populares en la Región Metropolitana de Buenos Aires. ¿Indicios de nuevas formas de pensar-hacer política?”, en Rofman, A. (comp.), La acción local de las organizaciones sociales de base territorial, Buenos Aires: Instituto del Conurbano-UNGS/ IDEP-CTA

 

 

 

[1] http://www.mercadocentral.gob.ar/news/protocolo-de-medidas-preventivas-covid-19

[2] https://www.larepublica.co/economia/un-mercado-de-32-millones-de-toneladas-al-ano-2055511

[3] https://www.revistainternos.com.ar/2020/03/como-actuaron-los-mercados-mayoristas-de-frutas-y-verduras-del-mundo-ante-el-coronavirus/

[4] Gloria Alicia Caudillo Felix (2016) Las mujeres indígenas y el buen vivir. Extraído de http://educacionglobalresearch.net/wp-content/uploads/EGR10-04-Caudillo-Castellano.pdf

NO SE PUEDE ESPERAR MAS. LA DEVALUACIÓN DE LOS MEJORAMIENTOS HABITACIONALES.

Autora: Maite Niborski, Colaborador: Javier Orlando

 

La cooperativa de Campo Unamuno[1], luego de varios años de lucha y de problematización sobre las condiciones habitacionales de sus pobladores, ha alcanzado convenios para la mejora del hábitat. Acompañamos este proceso desde hace 4 años con el sentido de mejorar la calidad de los espacios de la vivienda para la vida cotidiana. En esa lucha, y en ese trabajo, quedan pendientes convenios, los cuales fueron frenados por falta de pago. En este artículo comentaremos brevemente algunos de los conflictos que surgen en estos procesos de trabajo.

Desde el 2016, se firmaron 3 convenios por un total de 107 mejoramientos de viviendas, de las cuales 28 fueron terminadas, y 78 están en espera para iniciar los trabajos. En el transcurso de estos cuatro años, los costos de la construcción han aumentado a la par del dólar y las necesidades de la población. ¿Cómo incide la dolarización de los materiales de construcción en los programas de mejoramiento habitacional en el territorio?

Cuando se firmó el convenio en 2016, el costo del m2 de obra rondaba los $13.000/m2, el valor del dólar estaba a 15 pesos, lo que daba un valor de $400.000 para hacer la mejora. Esto permitía construir una mejora de 30m2. El convenio estuvo inactivo hasta 2018, cuando se dispusieron los recursos para iniciar. En ese entonces, el valor del dólar había aumentado a 38 pesos, el costo de obra había pasado a $24.000 /m2, y el monto del convenio se mantuvo invariable; lo que provocó que los mismos $400.000, alcanzaran para construir 16 m2, la mitad de lo posible al momento de realizado el convenio. 

En octubre de 2019 las obras se frenaron por falta de pago, y aún hoy continúan las gestiones para su reactivación. En el transcurso de estos 4 años, se ejecutó el 27% de los 3 convenios, dadas las condiciones materiales para llevarlas adelante. Estas obras se hicieron gracias al esfuerzo de les trabajadores (cooperativa de trabajo y profesionales), que no cuentan con una espalda financiera para abordar los magros recursos distribuidos en el tiempo. También se vieron disminuidas las posibilidades materiales de transformación ante la suba del valor de los materiales, herramientas e insumos.

El 73% restante de las viviendas a intervenir quedó en suspenso con la paralización de la obra. Si el convenio se reactivara hoy, habría que llevarlo adelante con un valor del dólar a 80 pesos, y un costo de construcción que superó los $50.100/m2. Lo que implica que si se mantuvieran las condiciones, los mismos $400.000 permiten construir 8m2, aproximadamente el 26% de la superficie posible de construcción a la fecha de la firma del contrato (2016). 

El incremento de los materiales de la construcción en función del dólar, tiene una repercusión en las políticas de mejoramientos habitacionales. No se puede esperar más. El paso de los años, y el incremento del precio de los materiales, hacen más difícil la ejecución de un mejoramiento habitacional que atienda las necesidades de la población. Aún nos queda por delante construir las estrategias para cambiar las condiciones estructurales de este conflicto.

 

 

 

[1] La Cooperativa de Trabajo Campo Unamuno se conformó desde la mesa barrial con la idea de que los propios vecinos del barrio sean quienes produzcan las mejoras. Proyecto Habitar y representantes barriales que conforman la mesa de trabajo y la cooperativa, trabajamos de forma conjunta para llevar adelante las obras de mejoramiento habitacional en los barrios D.A.M., 3 de enero, Libertad, 1° de Octubre y 2 de Mayo.

La táctica que se vuelve estrategia. Para la arquitectura informal, formación informal

Autor: Julián Salvarredy

 

Este texto pretende reflexionar sobre la necesidad de revertir una sostenida y extendida tendencia a considerar y consolidar como los lugares alternativos, marginales, accesorios a los espacios que las instituciones ofrecen o definen para la formación integral de arquitectos y arquitectas. Lo estructural continúa siendo la formación acrítica de profesionales descontextualizados y técnicamente hábiles para resolver procedimientos sin problematizar sobre su sentido, actores o dinámicas territoriales.

 Se trata de observar lo principal de esta situación, más allá de reconocer complejidades o matices, visibilizar una cuestión estructural, que es la persistencia en el ámbito académico de la opresión de este tipo de perspectivas. Más allá de haber aprendido a reconocer lo que sí se logra y lo que hemos podido construir, proponer una reflexión que pretende aportar a que esa capacidad no termine deformando nuestra acción de un modo que se vuelva absolutamente contradictorio con el propósito que la moviliza.

 

 

La arquitectura en la producción urbana es una perspectiva integral, no es la arquitectura para pobres.

El debate sobre el sentido de nuestras profesiones, no puede ser un debate marginal o deliberadamente empantanado en el ámbito universitario. La perspectiva integral de la arquitectura en la producción urbana registra la existencia de los barrios populares, de la informalidad urbana; es un error suponer que es su objeto de estudio. Por el contrario, la perspectiva relacional de las dinámicas territoriales permite visibilizarla como parte de los espacios en los que se desarrolla la vida, de una producción urbana que requiere de su existencia y define en un contexto desigual su localización, y su capacidad o no de realizar el derecho a la ciudad o la vivienda.

La estructura académica de las universidades públicas tiene en los cogobiernos un valioso ámbito de participación de profesores, graduades y estudiantes. También la proporción y reglas en las que se desenvuelven estos gobiernos, así como sus circuitos administrativos y presupuestarios se consolidan como resortes de quienes en definitiva tienden a reproducir los aspectos estructurales de sus disciplinas.

Los sectores más conservadores del sistema han logrado dominar los hilos del cogobierno de un modo que les permite, en líneas generales, sostener perfiles profesionales dominantes, que formen trabajadores aptos para reproducir lo que las corporaciones de cada disciplina necesita.

En este contexto, es habitual relegar las propuestas que conciben a la arquitectura como parte de una producción urbana que contiene lo formal e informal como una totalidad a lugares marginales como asignaturas no reconocidas, pasantías sociales, prácticas preprofesionales voluntarias, experiencias alternativas, posgrados especializados.

Es profundamente contradictorio hacer del acceso a estos espacios académicos, que se logran como resultado de una injusta relación política, el punto de llegada. Es necesario estar atentos a cuanta energía demanda la burocracia de la marginalidad y nos aleja de los propósitos principales de nuestra acción. De la formación integral de profesionales que promuevan un territorio más justo y democrática.

La arquitectura es en contextos de desigualdad, no debe limitarse a un sector

Pensar que trabajar la cuestión de la desigualdad es un tema es, desde un punto de vista de cualquier racionalidad bienintencionada, un error, y desde quienes pretendemos transformar esa desigualdad, contradictorio. En Latinoamérica, el hábitat autoconstruido, o autogestionado por fuera de las formas hegemónicas, constituye entre el 12 y el 60% del total de nuestras ciudades. Por otra parte, cabe preguntarse, en la ciudad que se autodenomina formal, cuanto de lo diseñado queda para un pensamiento crítico, creativo, y cuanto esta predeterminado por las condiciones formales, estéticas y funcionales del mercado.

Hasta qué punto podemos seguir aceptando la marginalidad los arquitectos y arquitectas que durante muchos años promovemos una reconstrucción crítica de nuestra identidad, del rol que ocupamos en nuestra historia, de la relevancia de repensar la producción arquitectónica y urbana para poder revertir la reproducción sistemática de la desigualdad y la injusticia territorial.

Claramente, frente a la inercia sistemática de un aparato burocrático y poderoso como las grandes universidades nacionales, no se trata de una tarea sencilla, ni exclusiva de las disciplinas. Pero esto no puede ser excusa para aceptar y naturalizar los espacios alternativos que aparecen como lugares marginales en las universidades. Y que, por otra parte, funcionan como la decoración necesaria del escenario democrático.  

La posibilidad de transformar instituciones como la universidad está atada a la posibilidad de promover la transformación del territorio de las organizaciones sociales, populares, territoriales. Desde la acción conjunta se construye tanto el saber, como las articulaciones que promueven crecer en todos los ámbitos.

La enseñanza de la arquitectura debe ser en la producción urbana, no una especialización de posgrado.

 Por otra parte, el sentido de la profesión no es un tema menor, porque en su debate se integran también la forma de organización de los gobiernos de las casas de estudio, y también sus contenidos y métodos. La verdadera heterogeneidad de perfiles podrá ser un primer gran triunfo, pero observado en profundidad, si este desarrollo heterogéneo no alcanza todas las dimensiones de la formación nacerá mutilado. No se trata de un reclamo de cupos, no alcanza con la impronta cuantitativa, no es posible comenzar un debate profundo resignando aspectos relevantes como estos.

La práctica de la arquitectura es social, es urbana, por lo tanto, su comprensión integral no puede ser para les estudiantes una experiencia alternativa, distinta o turística.

En este sentido, la construcción de propuestas, los debates y las acciones, no deben abandonar la centralidad de la formación de grado. Las cátedras feudo, les docentes precarizados, el trabajo voluntario, les estudiantes maltratados, las desigualdades y opresiones de clase y género no son accesorios o males colaterales, son consecuencias necesarias de la reproducción sistemática de profesionales acríticos. Son parte de la domesticación que hace falta para sostener el trabajo alienado que construye una y otra vez territorios injustos. Los contenidos y métodos necesarios para formar profesionales que comprendan la unidad de lo productivo y reproductivo, lo formal e informal, que sean capaces de comprender el entramado de relaciones en el que se desenvuelve la práctica de transformación del espacio.

CONCURSO HÁBITATS EMERGENTES: LA PROBLEMATICA DEL HÁBITAT Y LAS UNIVERSIDADES

Autoras: Daiana Boggio y Victoria Mansilla. Colaborador: Ezequiel Biagioni, arq.

 

La iniciativa de participar en el Concurso Nacional de Ideas Hábitats Emergentes surgió desde les estudiantes. Un grupo heterogéneo, no sólo porque unes eramos arquitectes y otres urbanistas, sino también porque estamos realizando nuestros estudios en distintas universidades del Área Metropolitana de Buenos Aires. El concurso era para nosotres una oportunidad para pensar junto a profesionales los problemas y los proyectos necesarios para mejorar las condiciones de vida de la población.

Nos enfrentamos a la dificultad de comprender el contexto en el cual se desarrolla la vida cotidiana de nuestros compatriotas. Teníamos que resolver cuestiones técnicas que dependiendo de la región se volvía un problema político más o menos relevante. Las diversas características climáticas, de relieve, de cercanía a los arroyos, las costumbres locales, fueron algunas de las cuestiones que nos permitieron conocer las particularidades de cada territorio, y acercarnos a la construcción de una propuesta situada de gestión democrática y colectiva del hábitat.

Como en todo proceso de aprendizaje hubo que cortar para presentar resultados. No ganamos pero eso no quita los hallazgos del camino transitado.

¿CÓMO APRENDIMOS?

Comprendimos que para proyectar las viviendas de manera tal que posibiliten una vida saludable, tanto en lo individual y colectivo, es importante partir de lo cotidiano. Propusimos espacios que logren adaptarse a las particularidades de las diferentes acciones que se darían en la vivienda y en el barrio donde se inserten, entendiendo al encuentro y la gestión compartida en las tareas cotidianas como una situación clave para generar vínculos. Nos resultó relevante contemplar la heterogeneidad de la organización social para incorporar la perspectiva inclusiva y de géneros, donde pudimos pensarlo en los distintos espacios y elementos que comprenden a la vivienda.

Para la materialización del proyecto entendimos importante enfocarnos en promover una gestión compartida, en la promoción de los conocimientos populares y técnico profesionales. Promover la articulación de los diversos actores, de manera tal de involucrar los recursos propios del territorio, ya sean empresas estatales, universidades y/o cooperativas de trabajo. De este modo comprendimos que como estudiantes y profesionales somos parte del problema, así como parte del proyecto transformador.

¿Y AHORA?

Participar del concurso resultó una experiencia enriquecedora para poder conocernos y pensar los problemas existentes en nuestro territorio. Nos permitió entender que es necesaria una transformación profunda tanto en el modo de producir, como en el modo de enseñar y de aprender arquitectura y urbanismo.

Entendemos que para seguir transformando la realidad es necesario repensarnos como estudiantes y como profesionales, repensar la universidad y las instituciones que rigen nuestra profesión. Es necesario  el trabajo colectivo, que nos permita transformar los programas de las universidades, para que incorporen los problemas de hoy, que nos permitan pensar los espacios desde la cotidianeidad, la pluralidad de voces y disciplinas. Nos parece importante incluir estos propósitos en las universidades para poder llevar a cabo nuestra formación de arquitectes y urbanistas como articuladores sociales con saberes técnicos, que nos permita proyectar el hábitat y la ciudad que pueda incluirnos a todes.

   

Arquitectura comunitaria ¿Qué es?

Autor: Julian Salvarredy

Reflexiones en un encuentro latinoamericano por la igualdad y la justicia territorial [1]

 

En ese sentido, es importante retomar algunos hitos del proceso histórico de estos encuentros, que ya van por 10 años, ya que el significado del término arquitectura comunitaria anida, para los que participamos de los distintos Encuentros Latinoamericanos de Arquitectura Comunitaria (ELAC), en el proceso colectivo de construcción conjunta de un espacio regional de unidad y acción transformadora para los profesionales del hábitat.

¿Qué reúne históricamente a les interesades en este encuentro? Nos reúne una voluntad de acción transformadora frente a una realidad desigual e injusta. Nos reúne nuestra identidad, nuestro carácter de trabajadores especializados, de profesionales de la arquitectura y el urbanismo.

Estos encuentros comienzan en el año 2010, con motivo del cumplimiento de la primera década de los arquitectos de la comunidad del Uruguay, las arquitectas de la comunidad de Uruguay tuvieron la feliz idea de organizar en Montevideo el primer Encuentro Latinoamericano de Arquitectos de la Comunidad. Tenía protagonistas invitades de la región latinoamericana, y también de otros continentes. En aquel momento fuimos invitados como coordinadores de un proyecto de extensión que dirigíamos junto con Eugenia Jaime, y que era el de “Consultorios de Arquitectura de la Comunidad”. Se presentaron allí experiencias diversas, que en su mayoría daban cuenta de procesos y proyectos arquitectónicos en el hábitat popular junto a organizaciones territoriales. Al finalizar el encuentro nuestro equipo propuso promover un segundo ELAC, y que fuera en Buenos Aires. Se debatió en asamblea, se aprobó, y a partir de ese momento nació el II ELAC, y con él los encuentros como un dinámica regional que continúa creciendo.

 


Foto izq: En la escalinata de la Universidad, al finalizar el I ELAC. (2010). Foto dcha: II ELAC. La Plata, 2012. Foto: Miguel Caamaño

 

En esos años se gestó también Proyecto Habitar (PH) como propuesta de ejercicio profesional, promovida por parte del grupo que realizaba aquellos Consultorios como proyecto de extensión, y con otres que se fueron sumando a la iniciativa. Pretendía trascender la actividad académica, continuar en la docencia y la investigación, sin abandonar como objetivo una práctica profesional territorial y colectiva vinculada a estos procesos de lucha social por transformar el hábitat. Para ese entonces el equipo participaba de procesos diversos, que excedían ampliamente el dispositivo de consultorios de arquitectura, abordando todas las escalas y temas de la arquitectura y el urbanismo, pero siempre desde una perspectiva transformadora. Proyecto Habitar ha cumplido también más de una década. En ese sentido, la historia de los ELAC se entrelaza con la de PH en el tiempo.

Continuando con la historia de los ELAC, como modo de reflexionar sobre el sentido de la arquitectura comunitaria, resulta apropiado detenerse un momento en 2012. Se trató de un evento muy importante, que reunió en Buenos Aires y en La Plata, las dos facultades más importantes del país[2], a profesionales de toda la región, y que contó con una presencia masiva de estudiantes.

 

Asamblea del Sábado en La Plata. El pizarrón con el registro de la alternativas que se iban proponiendo. II ELAC 2012. Foto: Miguel Caamaño

 

Uno días antes del II Encuentro Latinoamericano de Arquitectos de la Comunidad, llega al comité organizador el aviso de que el término “arquitectos de la comunidad” no podía ser utilizado. La persona que lo había registrado comercialmente afirmaba que sólo podían utilizarlo los que seguían su método, intimando a cambiar el nombre del encuentro. Luego de un ardua negociación, el acuerdo fue a favor de una medida intermedia, que daba una oportunidad a la reconstrucción colectiva. Aquel segundo encuentro podía ser llamado de “Arquitectos de la Comunidad”, pero en la asamblea de cierre, debía tratarse el cambio de nombre. Así fue como, en el segundo ELAC, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata, en una histórica asamblea de 300 estudiantes y profesionales, y luego de un debate encendido, consensuamos que la convocatoria para el III ELAC sería al tercer Encuentro Latinoamericano de Arquitectura Comunitaria.

Así nació el concepto “Arquitectura Comunitaria” que reúne estos encuentros. Fue un ejercicio de debate epistemológico en el que todos aportaban desde sus trayectorias y perspectivas. Se resolvió como un modo de superar debates menores, quizás mezquinos, a favor de construcciones amplias, democráticas y colectivas. Entre los argumentos que se presentaron, quedaba claro que no se trataba de un método, ni era propiedad de nadie. Que el carácter comunitario de la arquitectura era un modo de calificar un proceso social, colectivo, que admitía incluso procesos interdisciplinarios e intersectoriales. No se buscaba recortar, sino ampliar, en el mismo camino de unidad y acción transformadora que promovía el encuentro.

Desde aquel encuentro de 2012, se intercalaron en Argentina también Encuentros Nacionales. Así fue como, con un gran esfuerzo militante de diversos grupos del país y la región, pudieron realizarse el ENAC 2013 en Tucumán (Arg.), el ELAC 2014 en Caracas (Ven.), el ENAC 2015 en Chaco (Arg.), ENAC 2017 en Santa Fe (Arg.), el ELAC 2018 en La Plata (Arg.), y el ENAC 2019 en Buenos Aires (Arg.).

 

 

De izq a dcha: Tucuman 2013, Caracas 2014, Chaco 2015, Rosario 2017

 

¿Por qué es necesario el registro de esta historia? Porque es central para orientar el debate sobre el sentido del término conocer en qué proceso y desde que perspectiva entendemos la noción de arquitectura comunitaria.

Arquitectura comunitaria es un concepto que concentra un proceso de construcción colectiva de una perspectiva integral de la arquitectura, de la práctica y la teoría arquitectónica comprendida como parte de los procesos de transformación territorial, que desde una noción situada pretende direccionar su acción a favor de un territorio más justo y democrático. A partir de este acuerdo sentido, que es una propuesta de unidad y acción transformadora, el carácter de los retos no encuentra límites temáticos, sino políticos, porque es necesario reconstruir el sentido de nuestra profesión, y con el carácter los métodos y contenidos de nuestra formación en su conjunto.

Desde este punto de vista, es una definición de sentido social, por lo tanto, es una definición de las características del trabajo, que impacta en la teoría. En el mismo sentido, es determinante de los objetivos, contenidos, recursos y actividades de la formación.

Arquitectura comunitaria puede ser una especialidad, desde el punto de vista que fue gestada en los ELAC no es solo eso. Porque no incide sobre un aspecto del trabajo de les arquitectes sino sobre la totalidad de los trabajos. En el mismo sentido, puede ser un tema, ser un perfil, desde nuestro punto de vista no es solo eso.  Porque no hay un tema de la práctica arquitectónica que pueda prescindir del conocimiento y el compromiso que surge de la conciencia del contexto injusto y desigual en el que se produce la transformación del espacio arquitectónico y urbano.

El debate y los desafíos de la arquitectura comunitaria son también integrales. Es el debate sobre la transformación que debe producirse en nuestro territorio y que profesionales requiere. Sobre la necesidad de comprender el carácter relacional de los procesos y los proyectos arquitectónicos y urbanos, en los que el sistema social-económico-productivo determina la configuración territorial y urbana, y que a la vez en un proceso dialectico, complejo, continuo, es incidido por esta. Los encuentros que promueven el debate sobre la arquitectura comunitaria se han propuesto históricamente, en definitiva, promover la formación y el desarrollo profesional en condiciones dignas de profesionales capaces de aportar en el sitio y el tiempo que les toca las transformaciones territoriales necesarias, que comprendan el modo de alcanzar proyectos y procesos democráticos que construyan una ciudad más justa e igualitaria.

 

 

[1] Este texto fue preparado para un conversatorio en el contexto de una serie de encuentros, de valiosos espacios de dialogo en vistas al V Encuentro Latinoamericano de Arquitectura Comunitaria – MEXICO 2021. Se propone en esta oportunidad trabajar sobre los “retos para los centros universitarios” como parte de los dilemas que nos presenta esta pandemia, como un modo de caminar en conjunto rumbo al V Encuentro Latinoamericano de Arquitectura Comunitaria. Los diálogos anteriores han presentado la relevancia de trabajar sobre los horizontes epistemológicos de la arquitectura comunitaria, y es importante retomar esta noción para poder identificar con certeza los retos que nos presenta la actualidad en la formación de profesionales del hábitat.

[2] Puede encontrarse la nota que resume la jornada de cierre en: https://www.facebook.com/notes/proyecto-habitar/encuentro-latinoamericano-de-arquitectos-elac-2012-jornada-de-cierre-primer-borr/403784916369151

MEJORAMIENTOS HABITACIONALES EN CAMPO UNAMUNO

Autora: Maite Niborski

 

Esta semana reiniciamos junto con la cooperativa de Campo Unamuno y la federación de cooperativas del movimiento evita, las obras de 32 mejoramientos habitacionales en distintos barrios de Campo Unamuno, Villa Fiorito, Lomas de Zamora.
En estos tiempos de cuarentena y aislamiento social fueron paralizadas, al mismo tiempo que se hizo visible la necesidad histórica del acceso a una vivienda saludable.
Estas obras son producto de varios años de lucha de sus pobladores, proceso que acompañamos desde el 2016, y que tiene el sentido de mejorar la calidad de los espacios de la vivienda para la vida cotidiana.

La mesa de trabajo de Campo Unamuno se gestó en el año 2012 por la preocupación de referentes de los distintos barrios que conforman Campo Unamuno para mejorar las condiciones de habitabilidad del lugar donde viven[1]. Con apoyo de la Defensoría General de la Nacion y la organización barrial consolidaron la mesa, instrumento que les permitiría tener representatividad de las demandas sociales del territorio en el municipio, a través de la causa Mendoza. Demandas en relación a la contaminación del suelo y del agua, de la necesidad de acceso a los servicios básicos de electricidad, cloacas, agua para consumo humano, gas y tratamiento de los residuos solidos urbanos, así como mejorar las condiciones de las viviendas.

En 2010 a partir de la causa mendoza, se firmó el Convenio Marco para el Cumplimiento del Plan de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios en Riesgo Ambiental de la Cuenca Matanza Riachuelo[2], a ejecutarse en etapas. Para Campo Unamuno se resolvió la producción de 217 mejoramientos habitacionales. A estos fines, se conformó la Cooperativa de Trabajo Campo Unamuno, con la idea de que los propios vecinos del barrio sean quienes produzcan las mejoras. Y se inició un proceso de gestión para retomar las obras, que nos encontró con la organización. Desde hace 4 años Proyecto Habitar y representantes barriales que conforman la mesa de trabajo y la cooperativa de trabajo de Campo Unamuno, trabajamos de forma conjunta para llevar adelante las obras de mejoramiento habitacional en los barrios D.A.M., 3 de enero, Libertad, 1° de Octubre y 2 de Mayo.

Desde el 2016 a la actualidad, trabajamos en distintos convenios por un total de 139 mejoramientos de viviendas, de las cuales 28 fueron terminadas, 15 están en obra actualmente, 2 quedaron frenadas, y 94 aún no están iniciadas. De los 4 convenios celebrados para las obras, 3 se encuentran paralizados por falta de pago de los organismos responsables, y el cuarto reinicia esta semana con escasos recursos y desembolsos inciertos, que dificultan su proyección. En el tiempo que llevan los trámites que suceden a las distintas oficinas estatales, entre relevamiento, proyecto, presupuesto, pliego, licitación y firma del convenio; y finalmente desembolso y comienzo de obra, se ha transformado la realidad económica del país con su consecuente impacto en los costos de la construcción y en la necesidad de les pobladores para mejorar su hábitat. ¿Cómo inciden los tiempos y las demoras en los pagos sobre la aplicación de los programas de mejoramiento habitacional en el territorio?

 Cuando se firmó el convenio en 2016,  el valor del m2 de obra rondaba los $13.000, el valor del dólar estaba a 15 pesos, lo que daba un valor de $400.000 para hacer la mejora. El convenio estuvo inactivo hasta 2019, donde se dispusieron los recursos para iniciar. En ese entonces, el valor de obra había pasado a $30.000 /m2, el valor del dólar había aumentado a $45, y el monto del convenio se mantuvo invariable; lo que provocó que los mismos $400.000 sirvieran para hacer una obra que contemplara las condiciones sociales de las familias, la mano de obra, los materiales, las herramientas y el trabajo profesional. El costo de los materiales y herramientas no se pudo sortear; esto implicó una restricción en la posibilidad de transformar materialmente el espacio para les pobladores, así como la precarización del trabajo de la cooperativa y del equipo técnico. Precarización que se visibiliza en las remuneraciones de quienes trabajamos, pero también en las condiciones en las que se desarrolla la práctica; dificultando el acceso a insumos básicos de oficina, movilidad, víveres; elementos de seguridad e higiene, y herramientas que mejoren la producción.[3]

A la vez implicó tomar decisiones sobre lo prioritario, en un contexto de urgencia. Construir más metros cuadrados y relegar las terminaciones en los casos de hacinamiento crítico, construir menos metros, priorizando condiciones de confort térmico e hidrófugo en casos de deficiencias pulmonares crónicas, entre otras. Una reducción de las transformaciones posibles, que no terminan de dar respuesta al déficit habitacional.

Esta situación se agravó con la inestabilidad en los pagos por parte de los organismos. Debíamos certificar acorde al plan de trabajos mensualmente, pero los pagos de cada certificado a la cooperativa se realizaban cada tres meses, situación que nos demandó proyectar una obra que permitiera estirar los recursos de un mes en 3 meses, y que se sostuvo hasta que debimos paralizar las obras por falta de pago.

El aporte del acompañamiento técnico en este sentido resulta fundamental para hacer valer los escasos recursos. Radica en el trabajo sostenido para ajustar las posibilidades de materialización a las condiciones dinámicas de la realidad, producto de los retrasos en los pagos que disponen los plazos de la burocracia, y las necesidades variantes de la población. Requiere un trabajo sostenido, porque demanda resoluciones provisorias, ajustes en los programas y planificaciones, situar los proyectos a las necesidades actuales de les pobladores, y a las posibilidades materiales de transformación.

En Argentina 12.000.000 de personas habitan en viviendas inadecuadas, de los cuales el mayor porcentaje consiste en viviendas recuperables. Los programas de mejoramientos habitacionales son necesarios y valiosos, en tanto posibilitan el rescate de lo producido social y espacialmente por les pobladores; y dan respuesta a mejorar las condiciones de precariedad material de la vida cotidiana. Contemplar el impacto del tiempo, en la desvalorización del recurso estatal dispuesto y su relación con la posibilidad de acción en el territorio, es necesario para ir hacia programas más dinámicos; con el sentido de que los recursos que se disponen, estatales y también sociales, se reflejen en un resultado en la mejora de las viviendas para la población.

 

[1]El asentamiento denominado “Campo Unamuno” se sitúa en el Partido de Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, en el extremo noreste de ese distrito, delimitado por el arroyo Unamuno, el Camino de la Ribera, la calle Hornos y la calle Chivilcoy. Se encuentra a su vez, dividido en nueve barrios: “Libre Amanecer”, “Soledad”, “La Lonja”, “1o de Octubre”, “Diego Armando Maradona”, “3 de Enero”, “17 de Marzo”, “2 de Mayo” y “Libertad», con una población, aproximada de 7.000 familias. Fuente: https://www.mpd.gov.ar/index.php/programas-y-comisiones/231-equipo-de-trabajo-rio-matanza-riachuelo-wp/1743-campo-unamuno

https://auno.org.ar/vecinos-de-villa-fiorito-en-lucha-por-la-urbanizac/

[2] El Convenio Marco para el Cumplimiento del Plan de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios en Riesgo Ambiental de la Cuenca Matanza Riachuelo determina dar respuesta a 17.771 soluciones habitacionales en barrios populares de los 14 municipios de la cuenca, de las cuales se entregaron 3.725 (el 20% en 10 años), y 6.000 obras figuran iniciadas.

[3] Para ampliar sobre las condiciones del ejercicio profesional en el hábitat popular, se recomienda la exposición de Ricardo de Francesco en la mesa de Diálogos Urbanos, Ciudad Pendiente capitulo 3, organizada por el Colegio de Arquitectos de Rosario. Link: https://www.youtube.com/watch?v=HM7Qvc6yST8